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                                            Porque creó Dios a Satanas?

Al inquirir sobre la relación de Dios con el mal, específicamente con Satanás, debemos cuidarnos de pensar en Dios como el origen del mal. Dios no obligó a Satanás a pecar, ni es responsable del pecado de Satanás. La Escritura nos muestra a Satanás como una creación de Dios, hecha con gran belleza, esplendor, perfección y sabiduría, y delegada con poder y autoridad  Ezequiel 28:12-14   Hijo de hombre, entona una lamentación por el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría y perfecto en hermosura. En  Edén, en el huerto de Dios, estabas; de toda piedranalina, topacio y diamante, jaspe, ónice y berilo, zafiro, carbunclo, y esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas fueron preparados para ti en el día de tu creación. Tú, querubín ungido, protector, yo te puse allí; en el santo monte de Dios estabas; en medio de piedras de fuego andabas. A la vez, Isaías 14:13 Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo.  Levantare mi trono por encima de las estrellas de Dios y me sentare sobre el monte de la congregación,  hacia los lados del norte;  Ezequiel 28:15 Perfecto eras en todos tus caminos desde el día en que fuiste creado hasta que se halló en ti maldad. Nos revelan el orgullo y la soberbia que llenó el corazón de este ser creado, de tal modo que anheló ser semejante al altísimo y poner su trono al lado o por encima al de Dios.

Las preguntas que se mantienen entonces serían, ¿sabía Dios que este ser angelical se revelaría? Si sí lo sabía, ¿para qué lo creo? Si no lo sabía, ¿la rebelión de los ángeles tomo a Dios por sorpresa? Estas preguntas mal enfocadas nos darán una imagen distorsionada de Dios. Pero una visión correcta de Dios nos mostrará el camino que debemos seguir. Nuestras preguntas no deben llevarnos a sacar conclusiones sobre Dios: es nuestro conocimiento del Dios de la Biblia el que debe llevarnos a encontrar las respuestas a nuestras dudas.

Un Dios sabio

La Biblia nos habla de un Dios eterno que conoce el final de las cosas desde el principio. La Escritura nos revela a un Dios soberano que todo lo que quiere, lo hará Salmo 135:6 Todo lo que ha querido Jehová, lo ha hecho, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.  Un Dios omnisciente, soberano, santo y todopoderoso, el cual hace todas las cosas para su gloria. Los cielos cuentan su gloria, nosotros fuimos creados para su gloria, fuimos redimidos para que se desplegara su gloriosa justicia, sabiduría, amor, poder, misericordia, redención y gracia.

Entonces: ¿sabía Dios que Satanás se revelaría? Sí. ¿Sabía Dios que el hombre pecaría? Sí. Entonces, ¿para qué lo creó? Para mostrar su gloria en su justicia y poder con los ángeles, a los cuales Pedro dice que “no perdonó” 2 Pedro 2:4  Porque si Dios no perdono a los  ángeles que pecaron, sino que, habiéndolos arrojado al  infierno, los entrego a cadenas de oscuridad, para ser reservados para el juicio; como también para mostrar su Gloria, su inmenso amor, y su gracia soberana con los hombres que también pecaron pero que Él decidió salvar.

Jamás nada ha tomado a Dios por sorpresa. Ni la rebelión de los ángeles ni la caída del hombre. Es así como el Cordero fue inmolado desde antes de la fundación del mundo  Apocalipsis 13:18 Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, porque es número de hombre; y su número es seiscientos sesenta y seis.

 

El papel de Satanás

La Escritura nos muestra un plan eterno, lo que algunos llaman “El Pacto Eterno” o el “Pacto de Redención”, el cual fue acordado en la eternidad entre el Padre y el Hijo en relación a los elegidos.

“De este modo, la infinita sabiduría de Dios puede ser dada a conocer ahora por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que llevó a cabo en Cristo Jesús nuestro Señor”, Efesios 3:10-11 Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al  propósito eterno, que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor,

“Él nos ha salvado y nos ha llamado con un llamamiento santo, no según nuestras obras, sino según Su propósito y según la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad”, 2 Timoteo 1:9 quien nos salvó y llamo con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según su propósito y su  gracia, la cual nos fue dada en Cristo Jesús  antes del principio de los tiempos,

El Dios que adoramos tenía un plan redentor para reunir en Cristo todas las cosas  Efesios 1:3-12  Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda  bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos  escogió en el  antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor,  habiéndonos  predestinado para ser  adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según la complacencia de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos ha favorecido en el Amado. En quien tenemos  redención por su sangre, la  remisión de pecados según las riquezas de su  gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda  sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el  misterio de su voluntad, según su complacencia, la cual se había propuesto en sí mismo, de  reunir  todas las cosas en Cristo, en la  dispensación del cumplimiento de los tiempos, tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En él, asimismo, obtuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primero esperábamos en Cristo. Para alabanza de su gloriosa gracia, para mostrar su soberanía al elegirnos, para desplegar con algunos –incluyendo los ángeles caídos–, su poder y su justicia, y para mostrar en un grupo elegido su inmensa misericordia.

Cuidémonos de pensar que Dios y el diablo son iguales. Satanás también es un instrumento en las manos del Dios soberano. Él no puede traspasar lo que Dios ha dicho, no puede cambiar lo que Dios ya determinó, ni –como bien demuestra el libro de Job– puede hacer nada sin la autorización de Dios. Él es un perro atado, salvaje y feroz, lleno de ira, pero sostenido y detenido por una cadena en las manos del Dios de los cielos.

Alabado y bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual, habiéndonos escogido desde antes de la fundación del mundo en Jesucristo, el Amado, y quien obra todas las cosas para Su gloria y nuestra bien. Eso incluye también a Satanás.

 

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